Seis poetas belgas jóvenes de lengua francesa


( Por Laura Calabrese - Alejo Steimberg )


Laura Calabrese y Alejo Steimberg presentan un (breve) panorama de la joven poesía belga, en un trabajo que adapta un libro que se publicó en el 2007 y que se presentó en mayo de este año en casa del embajador argentino en Bélgica.

¿Qué significa Bélgica para el lector argentino? A alguno le vendrá en mente el cáustico libro de Baudelaire, a otro Tintín, Magritte o Simenon, y habrá quien piense en las instituciones europeas o en la tierra natal de Cortázar. Sea como fuere, Bélgica tiene la suerte y la desgracia de tener una identidad lábil, encerrada como está entre tres potencias, con dos de las cuales comparte sus lenguas nacionales (Francia y Holanda). Bélgica parece tener vocación de olvido, de opacidad. No sólo para los habitantes de países más o menos lejanos o para sus vecinos del Hexágono (todo belga famoso de lengua francesa parece condenado a convertirse, para el público extranjero, en francés), sino también para sí misma. Con notable humor, los belgas denominan esta identidad por la ausencia la belgitude, concepto que tiene la claridad de la evidencia sin que pueda ser definido del todo: sentido de la pequeñez asociado a un rechazo por la grandilocuencia, sentimiento de irrealidad, de absurdo, en un país en el que “surrealista” se ha convertido en un adjetivo omnipresente. Parafraseando a la escritora flamenca Kristien Hemmerechts, “lo más lindo de ser belga es que no quiere decir nada”.

La literatura francófona de Bélgica está fuertemente ligada al sistema francés, dado que su posición excéntrica la condena a menudo a ser una provincia cultural del Hexágono. Conviene matizar, sin embargo, esta afirmación, ya que si el camino habitual de consagración de la prosa es la publicación parisina, en el caso de la poesía el reconocimiento se establece a partir de la aceptación de los pares y de los poetas nacionales consagrados. En ese sentido, la poesía está menos (o para nada) sometida a la estandarización del francés, y en términos institucionales se organiza en torno de circuitos locales, como las casas de la poesía, revistas y festivales (subsidiados por el Estado), y se siente más atraída por otros polos de la producción poética de la francofonía (Magreb, Quebec, el Caribe) que por el centro francés.



Los seis poetas que hemos elegido nos parecen dar cuenta de una renovación de la lengua que permite, en parte, la posición excéntrica. No queremos decir que toda literatura periférica produzca dispositivos originales, pero es imposible ignorar la flexibilidad del francés belga, que ninguna academia protege, ninguna inamovible tradición guarda celosamente, y que está sometido además a múltiples tensiones: con las variantes dialectales de las provincias, con el flamenco, con el dialecto bruselense (mezcla de francés y flamenco), con las lenguas de los inmigrantes y los “eurócratas”, como se denomina a los funcionarios de las instituciones europeas que trabajan en la capital.
Esta curiosa configuración ha dado tendencias interesantes, como los llamados poètes hurleurs (poetas gritones), que hacen de la performance en vivo el eje de su creación poética. Vincent Tholomé y Frédéric Saenen son dos de los poetas a los que ha sido aplicado este apelativo. Más allá de la pertenencia a este grupo, también se percibe en la producción de Gwenaëlle Stubbe la importancia de la oralidad, rasgo que aparece igualmente en varios poemas de Selçuk Mutlu, con títulos que son didascalias para una lectura en voz alta. Sin embargo, más allá de estas particularidades (que por otro lado no le son privativas), la poesía belga francófona actual tiene poco de local y de dialectal y casi nada de nacional en las temáticas, y son precisamente esas ausencias las que, paradójicamente, construyen su rasgo distintivo, que se evidencia en poetas como Serge Delaive o Tristan Sautier.
De alguna manera, esperamos que este recorrido poético muestre que si las definiciones nacionales de los sistemas literarios son siempre algo mentirosas, lo son menos las que encuentran tanto en lo generacional como en la lengua su coherencia.

Adaptación del prefacio de ¿Bélgica? Seis poetas belgas jóvenes de lengua francesa, Bahía Blanca, Vox, 2007, antología presentada el 14 de mayo de 2009 en la residencia del embajador argentino en Bélgica.


 

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