La conspiración de las formas


[A propósito de “Majestad, etc.” de Oscar Steimberg]* por Maximiliano Crespi


En un lúcido trabajo dedicado a la palabra y el fantasma en Occidente, Giorgio Agamben señala, con cierta resignación, la indiferencia o el terror con que –cual si se tratara de algo “natural”, que no merece ser puesto en duda– solemos entregar al olvido la violencia del corte que funda nuestra condición cultural. La escisión entre poesía y filosofía, entre palabra poética y palabra pensante, inaugurada allá lejos y hace tiempo, y definida ya por Platón como “una vieja enemistad”.

Esa escisión, que supone una violencia fundante y define, por así decirlo, un origen en que la cultura está –desde las bases mismas de la academia platónica–, está paradójicamente vinculada al régimen de propiedad condiciona las relaciones entre las disciplinas y el saber. El tajo que abre la palabra en dos se explica en términos de conocimiento y posesión: la poesía posee su objeto sin conocerlo, la filosofía puede llegar a conocerlo pero su posesión siempre le será negada. La palabra occidental se encuentra, como apunta el filósofo italiano, desgarrada “entre una palabra inconsciente y como caída del cielo, que goza del objeto del conocimiento representándolo en forma bella, y una palabra que tiene para sí toda la seriedad y toda la consciencia, pero que no goza de su objeto porque no sabe representarlo”.

No es casual que la crítica nazca precisamente en el momento de mayor énfasis en esa escisión. En pleno siglo XIX, cuando la palabra poética se resuelve por negatividad de la palabra pensante, la crítica se inscribe en un umbral de percepción y de sutura. Cuando la filosofía se superpone con la ciencia y se vuelve utilitaria bajo las requisitorias positivistas, cuando la literatura parece liberarse a la combustión de las formas y se arroba en la estancia del goce en el delirio febril del romanticismo, llega la crítica tiene lugar. En esa escisión dramática, entre una filosofía que cada vez más se superpone con los intereses de la ciencia y una poesía que cada vez más se dirige a un goce del desinterés, la crítica descubre superpuestos su lugar y su razón de ser. (2)

Su situación bien puede ser expresada de manera paradójica. A diferencia de la palabra poética y la palabra pensante, la palabra de la crítica no representa ni conoce; en todo caso, conoce la representación: “a la apropiación sin conciencia y a la conciencia sin goce, la crítica opone el goce de lo que no puede ser poseído y la posesión de lo que no puede gozarse”. (3) Dicho a través de Foucault, si la poesía sólo se reconoce en la realidad de la ficción y la filosofía en la fábula de lo real, la crítica sólo es capaz de realizar la fábula inscrita en la ficción.

Hay, claro está, en la toma de ese lugar, un riesgo no siempre sorteado con probidad. La crítica, inscrita en ese espacio desgarrado, suele asumirse en la lógica de la arrogancia. Es el momento en que adquiere conciencia de su posición respecto de las instituciones y de sus posibilidades políticas y opera una modificación interesada de su propio estatuto. Es su manera de señalar su miseria, su servidumbre hacia ese discurso que conjura a un tiempo la fábula y la ficción: la Historia. Su objeto no cambia (sigue siendo la literatura, las poéticas, las inscripciones estéticas en la cultura); lo que cambia es una colocación en función de su interés (por fuera del goce): la crítica no busca ya justificar algo del orden de lo intempestivo frente a la Historia; sino de justificarse ella misma en la Historia.




La crítica que me interesa es, pues, aquella que se escribe frente a la Historia. En la Historia, esa crítica, esa estancia en la escisión producida en el origen, no es nada. O, más precisamente es nada: esa nada que “custodia la inapropiabilidad como su bien más precioso”. No se comporta frente a su objeto como un amo (que lo niega en el acto del goce) pero tampoco como el esclavo (que lo elabora y transforma en la instancia diferida del propio deseo): la suya es una operación soberana que goza y difiere, niega y afirma, asume y rechaza, en un movimiento que se define como una exploración topológica: una topología de lo irreal. Los topoi de esta crítica son los fantasmas: esas figuras tan difíciles de asir y cuyo poder es, a decir del propio Aristóteles, “maravilloso y anterior a cualquier otro”. Y la convicción que sostiene de hecho su indagación temática, en el vacío al que la constriñen los otros dos modos de ser de la palabra en el origen, es su obstinación por entrar en relación con lo irreal y con lo inapropiable en cuanto tal, para hacer propia la realidad en términos positivos.

Las notas que siguen no solapan pues su carácter temático y en cierto sentido pre-crítico. La exploración topológica que mapean surgió, como suele decirse, en los márgenes de la lectura del admirable poema de Oscar Steimberg titulado Majestad, etc. (1980), cuyo pre-título –según su propia voz– está inscrito en el poema “Posible patria”, desde 1953. La lógica que rige la exploración no encuentra pues su pulsión, como es de esperarse después de este preámbulo, en el deseo de resolver, reconocer y juzgar; sino en el de hallar, descubrir y robar. Ya hay muchos para juzgar (muchos que “usan la escritura” como una función, transitivamente): la raza selecta de los jueces habita los capitolios de la crítica que reduce el pensar a una actividad jurídica que silenciosa, naturalmente también impone su ley.

Notas

* Originalmente publicado en 1980 por Ediciones Tierra Baldía. Sigo aquí la cuidadosa reedición del texto realizada por El Suri Porfiado en 2007. El volumen titulado Patria posible y otros versos que, además de incluir un lúcido “Pretexto” del autor, recupera los valiosísimos trabajos de juventud de Oscar Stemberg. Todas las referencias al texto siguen esta edición consignando el número de página entre corchetes.

(2) Agamben, G., Estancias, Valencia, Pre-textos, 2002. p. 11.

(3) Agamben, G., op. cit. p. 12.


 

La costurerita es una publicación semestral de el suri porfiado / ediciones
Av. Córdoba 2206, 8º 58. CP 1120 · Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel.: (5411) 4951-7956 · revistalacosturerita@gmail.com